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lunes, 21 de marzo de 2011

A TRES DIAS DE SU PARTIDA RECORDAMOS A JOSE EDUARDO MATUTE Y DE SU PROPIA MANO UN GRAN REPORTEJE DE LA MOVIDA "SUBTE" PUBLICADO EN 1985



JOSÉ EDUARDO MATUTE Y SU REPORTE SOBRE LA MOVIDA SUBTE EN UNA REVISTA YANQUI (1985)

Tenemos aquí el reporte sobre la escena subte peruana enviada en 1985 por Matute, guitarrista de Guerrilla Urbana –la misma que formó parte del histórico grupo de bandas fundadoras del Rock Subterráneo limeño junto a Leusemia, Narcosis, Autopsia y Zcuela Crrada– a la famosa revista Maximum Rock'n'Roll de la ciudad de San Francisco (Estados Unidos).

La nota nos traslada a los primeros dos años de la movida, con sentidos comentarios sobre las bandas existentes y el espíritu que animaba a los subtes, el por qué estos no se consideraban a sí mismos «punks», el famoso concierto «Rock en Río Rímac», la próxima aparición de la hoy clásica maqueta «Volumen 1» –la segunda en ser editada tras el «Primera dosis»– y el generalizado rechazo a la guerra sucia desatada por el Estado peruano contra el terrorista Partido Comunista del Perú «Sendero Luminoso». El texto habla, también, de los tempranos contactos entablados por los miembros de Guerrilla Urbana –convertidos en Ataque Frontal desde 1986– con diversos medios de prensa y disqueras independientes del primer mundo, al punto de convertirse, en pocos años, en la banda peruana más editada en el resto del mundo durante la década del 80.

El texto original y su traducción fueron proporcionados por el Chino Jarkor, editor del blog Memorias en Kbps y coeditor del Madruguemos al Tibu.



PERU
Este es el primer reporte que escribo para Maximum Rock'n'Roll, me gustaría contarles qué es lo que está pasando aquí en Lima. A partir del año pasado un nuevo movimiento se ha iniciado en nuestra ciudad. Este movimiento está conformado de bandas punk (como LEUSEMIA, NARCOSIS, ZCUELA CRRADA, GUERRILLA URBANA, KOLA ROCK, AUTOPSIA y VALIUM), gente que hace fanzines (Alternativa, por Fernando Vial), pintores y amigos.
No somos muchos, quizás cincuenta más o menos pero trabajamos juntos muy de cerca. No somos punks, este no es un movimiento punk. Tenemos una actitud punk y anarquista hacia el sistema pero no somos punks porque nuestra realidad es diferente a la realidad de un punk en otro país. En nuestro grupo hay gente de todas las clases sociales, de diversas realidades pero un sentimiento de rebelión contra cualquier poder sobre nosotros nos une. También nos rebelamos contra las bandas que imitan, contra las que cantan en inglés aquí y en general contra todo lo que no es auténtico y es mediocre. Estamos unidos por un verdadero sentimiento de honestidad, de autenticidad.
Pongo énfasis en el comentario de que no somos punks ya que la gente que va a los conciertos y los medios nos llaman punks. Por ejemplo, una muy conocida revista dijo recientemente: “Los punks versus la policía”, mencionando un concierto donde la policía interrumpió a una banda en medio de una canción ya que estos sintieron que las letras eran “subversivas e insultantes”. La letra dice en parte: “Sucio policía, actúas por conveniencia, defiendes la decadencia, abusas de tu autoridad porque en la otra mano llevas la pistola”. Ese concierto terminó con disparos y tuvimos que escapar.


"Mi objetivo, como el objetivo de los demás muchachos, es crear y vivir en una comunidad autónoma y anarquista donde las relaciones personales puedan ser auténticas. Esto no es imposible y puede ser alcanzado trabajando duro, permaneciendo lúcidos y con unidad."....

Nuestra banda GUERRILLA URBANA tocó en ese concierto, como también lo hizo NARCOSIS (quienes fueron interrumpidos). Ellos han editado un cassette autoproducido, el primero en el Perú. Nuestra banda, junto con LEUSEMIA, AUTOPSIA y ZCUELA CRRADA, va a hacer lo mismo. Nuestro movimiento está creciendo rápidamente y estoy seguro que en menos de un año éste será grande. Mi objetivo, como el objetivo de los demás muchachos, es crear y vivir en una comunidad autónoma y anarquista donde las relaciones personales puedan ser auténticas. Esto no es imposible y puede ser alcanzado trabajando duro, permaneciendo lúcidos y con unidad.
El flyer reproducido aquí se llama “Fosa Común”, que significa un hueco profundo en la tierra donde los soldados arrojan a los terroristas muertos y los terroristas hacen lo mismo con los soldados que ellos matan. Esto ocurre porque nuestro país esta en medio de una guerra civil.
Fuente:
Maximum Rock'n'Roll (San Francisco), Nº 27, ago. de 1985 

miércoles, 23 de febrero de 2011

TESTIMONIO: ORÍGENES DEL ROCK SUBTERRÁNEO DEL PERÚ

Escribe: Roger Santiváñez / Collingswood, New Jersey, junto al  río Cooper.



ESTA HISTORIA comienza en Lima a principios del verano de 1985. Son alrededor de las tres de la tarde cuando llego en mi datsun stanza a la jato de los hermanos Ricardo y Raúl Montañez en el Rímac. Todo está listo para irnos a un concierto que se realizaría en Ancón. Invitados por la Municipalidad estaban programadas –entre otras bandas- Kilowatt & la Kola Rok, Zcuela Cerrada y Excomulgados.  Edgar Barraza, Kilowatt –a quien yo había conocido hacia 1982 en los días formativos del Movimiento kloaka- estaba esperando en “La Piedra” junto a la casa de los Montaña, con quienes lo unía una antigua amistad de barrio (todos ellos eran del rico Rímac) cimentada en largos años –prácticamente desde la niñez- de pasión radical por el rock and roll. Nos metimos todos en el auto y arrancamos hacia la panamericana norte. De pronto y ante la sorpresa general, Ricardo Montañez pone un cassette en el tocacintas. Y la bomba estalló en nuestros corazones: era la maqueta demo de Narcósis que acababa de salir. Increíblemente esta Primera Dósis –como después fue bautizada la obra- nos rompió el cerebro y nos dio en la yema del gusto: ésta era la música que estábamos aguardando.
PERO YA la subversión estaba en marcha desde –por lo menos- Julio de 1983 cuando se forma el trio original –Daniel F, Leo Escoria y Kimba Vilis- de Leuzemia la banda que originó el rock subterráneo del Perú. En efecto y gracias a una invitación de Kilowatt asistí a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima –noviembre 1983- a un concierto donde tocaría Leuzemia, cosa que no llegó a suceder, al parecer debido a la agresiva pinta punk de la banda, que habría asustado a los organizadores. Aquella noche fue mi primer contacto con los tres leusémicos. Poco después, en mayo de 1984 se produce el concierto de la Concha Acústica del Parque Salazar de Miraflores, luego del cual se integra a Leuzemia la primera guitarra de Raúl Montañez, quedando así diseñada la formación clásica del grupo. En la segunda mitad de aquel memorable 1984 Lima quedó notificada de la existencia de una nueva banda Narcósis a través de sus tocadas en la discoteca Carnaby del pasaje Los Pinos en Miraflores. Ambas agrupaciones –más el conjunto de rock-fusión Delpueblo, aunque en dos fechas diferentes- protagonizaron los conciertos ‘Ataca Lima’ organizados por Alfredo Rossell y Franklyn Jáuregui –a la sazón editores de la revista Ave Rok- en La Taberna junto al restaurant La Palizada en la Av. Del Ejército, Santa Cruz, Miraflores. Los afiches del evento fueron creación de Leo Escoria, quien colocó junto a ‘Ataca Lima’ la mágica frase ‘Rock Subterráneo’cuyo impacto desataría la fiebre del nuevo rock peruano a partir de ese instante. Corrían entonces los días finales de noviembre de 1984.
DE MODO que la aparición de la maqueta de Narcósis –Fernando Cachorro Vial, Wicho García Hildebrandt y Pelo Parado Madueño- vino a configurar la primera obra compacta y estructurada, en los tiempos originales de la movida subte de Lima. Funcionó –sin duda- como un extraordinario catalizador para la producción de las nuevas bandas que ya estaban en las calles, principalmente Zcuela Cerrada,liderada por Edwin Nuñez,  Guerrilla Urbana de José Eduardo Matute y Autopsia fundada por Silvio Ferrogiaro Espátula Venérea, Gonzalo Púa Farfán y Guillermo Figueroa.Fue así como –colectívamente- nació la idea de grabar una maqueta demo con estas tres bandas, más Leuzemia –en primer lugar por supuesto- debido a su rol fundador en toda la movida. Ese fue el histórico  cassette denominado ‘Volúmen 1’ -grabado en el estudio de Yeral Paz-  salido a la luz en el invierno de 1985
YA PARA el verano de 1986 el rock subterráneo era un fenómeno en vías de masificación. Muchas bandas brotaron a lo largo y lo ancho de la gran Lima e incluso de provincias. La prueba más contundente fue la edición del llamado Volúmen 2 con la participación de 13 grupos: Yndeseables, Flema, Pánico, Eructo Maldonado, SDM, Eutanasia, Conflicto social, Delirios Krónicos, Exodo, Radicales, Frente Negro y Excomulgados. Esta fue la primera gran floración subte, después de las cinco bandas fundadoras. Pronto surgirían Psicósis, Luxuria, Kaos, Juventud La Caigua, Salón Dada, Argot, La Resistencia, Escombro, Se busca, Feudales, Sinkura, Cardenales, TBC , María T-ta y Empujón Brutal. Y un largo etcétera.  Incluso en el invierno de 1986 nuevas bandas –como Voz Propia, por ejemplo- se reclamaban pertenecientes a una línea específica –dentro de la Movida- autodenominándose post-subterráneos o suburbanos. Hacia 1987-88 aparecen más conjuntos: Sor Obscena, La banda del Kadalzo, Crimentales, Virgen Sideral, Derrame Cerebral, Lima 13 –hasta donde esta memoria alcanza- y así culminó la década de 1980.
El rock subterráneo fue la expresión más pura del descontento que abrasaba el corazón de miles de jóvenes en el Perú de los 80s. Atrapados entre la guerra popular del Partido Comunista-Sendero Luminoso y la guerra sucia del Ejército, aquella fue una generación desolada, crecida al ritmo de la violencia cotidiana, cuya sensibilidad fluyó a través de un rock and roll directo, fuerte, conciente de lo que sucedía a su alrededor. Herederos del punk internacional los subtes de Lima crearon su propio canto de rebeldía contra un orden con el que no estaban de acuerdo. Sus líricas expresan frustración y rabia, pero también la secreta esperanza de la posibilidad de una sociedad mejor, más justa y auténticamente democrática. Varios de estos muchachos cayeron en la lucha, algunos al plegarse a la lucha armada como Alfredo Távara Reátegui –de Seres Van- y  aquel joven transparente conocido por Beni Gil. Otros sucumbieron en la marginalidad como Saúl Cabrera, el Omiso, subte de la primera hora o el caso de Edwin Zcuela –líder de Zcuela Crrada- acosado por la falta de medios para un tratamiento clínico adecuado. Porque el Perú es muchas veces injusto e insensible con sus mejores mentes. Edwin Zcuela fue un joven brillante y visionario, que tuvo que terminar sus días prácticamente abandonado en un hospital sin recursos.  A su modo, por su orgullosa resistencia frente al sistema hasta el final, fue un héroe del rock subterráneo. Por  eso hemos querido terminar esta nota rindiéndole un nítido homenaje. Hasta la victoria siempre, Edwin.
ESTE ARTICULO FUE POSTEADO POR ESQUINA ARTE Y CULTURA


martes, 8 de junio de 2010

Beatles por cuatro

Al cumplirse 40 años de los debuts en solitario de John, Paul, George y Ringo, aprovechamos para valorar sus carreras.
Los Beatles murieron el 10 de abril de 1970, hace ahora 40 años, la mañana en la que Paul McCartney anunció a la prensa que dejaba la banda y que tenía listo su álbum de debut en solitario. No era el único, ya que el resto de sus compañeros publicaron su primer disco antes de que acabara el año. A unos les fue mejor y a otros peor, pero lo que todos descubrieron fue que la vida podía ser muy dura para un ex Beatle.

Paul McCartney:

Primera entrega: Paul McCartney John era el líder espiritual, el que ‘molaba’, George era intenso y auténtico, Ringo era gracioso y caía bien. ¿y Paul? Paul era el genio musical, pero eso no siempre es suficiente para obtener respeto.

Ser, sin lugar a ningún género de dudas, el mayor genio que ha dado la música pop en toda su historia no es algo que haya beneficiado en absoluto a Paul McCartney, que desde el primer disco en solitario sintió la necesidad de explicar sus actos perjudicando notablemente una carrera que, musicalmente, no tiene ni tendrá rival.
Si, llegado 1970, para todos fue difícil ser un ex Beatle, para Paul McCartney fue mucho más complicado. A ojos del público, él era el responsable de la disolución de los Beatles. Yoko Ono estaba por ahí, sí, pero se le adjudicaba una actividad dinamitadora más a largo plazo, de paso lento, mientras que McCartney fue el que anunció al público la muerte de los ‘Fab Four’. El que dio la puntilla, el ejecutor. Aunque hacía meses que la banda ya no existía, que John ya se había ido y que Phil Spector hacía lo que quería con las cintas deLet It Be sin contar con nadie más, la idea que quedó fue la siguiente: Paul McCartney anuncia que abandona los Beatles y que, por lo tanto, la banda deja de existir; de paso, aprovecha para decir que, en unas semanas, va a publicar su primer disco en solitario –que lleva meses grabando en secreto en Abbey Road– y lo va a hacer coincidir con la salida de Let It Be. A la prensa y al público les sonó a oportunismo. También al resto de los Beatles, que enviaron al diplomático Ringo a casa de McCartney para pedirle que cancelara el lanzamiento de su debut en solitario. McCartney, por una vez fuera de sí, le dio con la puerta en las narices y siguió adelante.
Paul tenía el ánimo deprimido desde los últimos tiempos de los Beatles. Donde otros consideraban que ejercía un poder dictatorial sobre la banda, Paul creía que llenaba un vacío de poder –el dejado por Brian Epstein y rechazado por la apatía de John– que hubiera acabado con los Beatles en 1967. Aún en 1970, Paul sentía que tenía que disculparse por esto. También, en cierta manera, por haberse casado con la divorciada y rica norteamericana Linda Eastman en lugar de con la preferida por los ingleses Jane Asher –puede parecer una tontería, pero es Inglaterra–. McCartney se sintió empujado a dejar su casa del centro de Londres por una granja en el campo. Y, de nuevo, se sintió impelido a dar explicaciones –le llevó tres discos hacerlo– por esta decisión, y se preocupó por dejar ver que era feliz entre animales y con su mujer y sus hijas.
Por todo ello, en la que fue probablemente la peor decisión de su carrera, McCartney acompañó el lanzamiento ya de por sí polémico de McCartney con una extensísima nota de prensa que incluía hasta una auto-entrevista sobre todas las cuestiones mencionadas con anterioridad. En su día, y quizá fue una respuesta lógica, el primer disco de Paul no se entendió bien. No se esperaba del maravilloso autor de Hey Jude o Let it Be –por citar las recientes– esa especie de pedante renuncia artística a su poderío compositivo, musical y melódico. Ahora, despojados de todos los prejuicios y la actualidad de la época, el debut discográfico de McCartney puede verse de otra manera: como si, de verdad, McCartney fuera un juego feliz grabado en casa por Paul en los escasos ratos de paz que le proporcionaba el hecho de ser Paul McCartney. Aunque siempre se hable de los fantasmas de Lennon, lo reconcentrado de Harrison, puede que fuese el bajista de los Beatles el que menos y peor soportara la presión. Precisamente porque lo único que no tenía era la habilidad de los otros dos para convertir sus dramas en canciones.
Después de su excepcional debut, su carrera se vio perjudicada por vender una imagen demasiado buena de sí mismo; por dar a su mujer un excesivo protagonismo para, quizá, decirle a Lennon que él también podía ser dos; por fingir, con la creación de Wings –sólo él, su mujer y Denny Laine–, que él podía funcionar en un grupo, que no fue su ego el que acabó con los Beatles; por, en fin, depender demasiado de lo que los demás opinaran. Con el tiempo, consiguió liberarse de todo esto, pero ya era demasiado tarde. El error que cometió McCartney en los primeros años 70 condenó su imagen pública –de manera excesiva–: de tanto querer mostrarse como una persona “auténtica”, consiguió todo lo contrario. Y aún dura.
Cuando todo pase, cuando sólo queden sus discos, serán éstos los que por fin hablen por él y le hagan justicia. Y para esto nunca es tarde.

John Lennon:

Segunda entrega: John Lennon En cuanto los Beatles se separaron, a John Lennon se le hizo la luz. Había estado bien ser una estrella del pop, la estrella más grande, de hecho, pero en su camino se abrían otros frentes.

Mientras que para Paul la separación de los Beatles supuso, sobre todo, un mal trago y un período de depresión y desubicación del que tardó en reponerse, John era, junto a George, el Beatle que más ansiaba librarse de las ataduras del grupo –y de Paul–. Pero sus motivos eran muy distintos.
George Harrison quería librarse de los Beatles para dar rienda suelta a todas las canciones que tenía guardadas en el cajón, para que sus ideas no se vieran sometidas a continuas audiciones con Lennon y McCartney –sobre todo con McCartney en los últimos años– que él consideraba humillantes. John Lennon, en cambio, no ansiaba la libertad musical, ya que disponía de ella en los Beatles –y fuera de ellos, no hay que olvidar sus incursiones onomatopéyicas más que musicales con el disco Two Virgins (1969), por ejemplo–. No. Lo que ansiaba Lennon era la libertad total, personal, social, sentimental y –a sus ojos y a los de su mujer, Yoko Ono– “artística”. Lennon quería romper una sociedad –la de Lennon y McCartney– para crear otra –la de Lennon y Ono–, y fue el crecimiento de este embrión el que, incompatible con cualquier otro tipo de asociación, dinamitó los Beatles.
En la carrera en solitario de John Lennon hay tres etapas claramente diferenciadas. La primera comprende únicamente su primer disco en solitario, sin título, presentado bajo la autoría de John Lennon/Plastic Ono Band. En él, como en un libro abierto, el antiguo líder de los Beatles desgrana una a una todas su preocupaciones (Isolation), sus traumas infantiles (Mother), sus deseos de portavocía generacional (Working Class Hero) y su visión del mundo, huérfana e irónica a la vez (God, una de sus mejores canciones). Por todo esto, es el álbum más de debut que grabó ninguno de los Beatles. El típico primer álbum en el que el principiante mete todo lo que tiene, en el que muestra todas sus armas. En el caso de Lennon sólo hay una ligera variante. No reunió todas esas canciones para construir una base sobre la que cimentar una carrera, sino para exorcizarse, sin pensar en el futuro. En 1970, la música era todavía la manera que Lennon tenía de expresarse, pero poco a poco dejaba de interesarle. Ése fue el resultado de tener como partenaire a Yoko Ono en lugar de a Paul McCartney. El sonido excesivamente crudo, sin filtrar, de su primer disco –que, por otro lado, beneficia el cariz confesional del asunto– no es tanto el resultado de una elección premeditada como el reflejo de ese creciente desprecio por, digámoslo así, la habilidad musical en la que reinaba McCartney. El Plastic Ono Band es el disco que le correspondía hacer a Lennon, el que le pertenecía casi desde que agarró por primera vez una guitarra.
¿Y después? La segunda etapa de Lennon, marcada por su exilio en Nueva York, su constante presencia como activista político y su enrocamiento en el binomio que formaba con Yoko, dejó una carrera más que irregular. Su actividad discográfica fue mucho menor que la del resto de sus ex compañeros, y cabe volver a cuestionar su verdadero interés por la música. Al contrario que McCartney, que era músico por encima de todas las cosas, Lennon sólo fue un chico que necesitaba expresarse continuamente y que encontró en la música el vehículo perfecto para hacerlo. Pero eso era en 1962. En los años setenta, ya adulto, su verborrea encontró a menudo otros canales no musicales –las manifestaciones, por ejemplo– en los que satisfacerse, y, en lo que respecta a la música, ya no tenía al lado a alguien tan exigente como McCartney que trabajara, domesticara, puliera y embelleciera sus ideas. Muchas de estas ideas, por lo tanto, se quedaban en eso: en ideas. A pesar de que en su carrera no faltaron grandes canciones –como Jealous Guy o How Do You Sleep?, en Imagine(1971), como Whatever Gets You Thru the Night en Walls and Bridges (1974)–, Lennon sucumbió demasiado a menudo a impulsos sin madurar, irreflexivos, como Power to the People o el lamentable Some Time in New York City (1972).
El compromiso de Lennon era consigo mismo, con Yoko, con la gente si se quiere, pero no con la música. Esto resultó evidente cuando, tras un trasnochado álbum de homenaje al rock and roll que le gustó de adolescente (Rock ‘n’Roll, 1975, forzado por ciertas cuestiones legales, pero ésa es otra historia), Lennon enmudeció durante cinco años. Esto coincidió con la reconciliación con Yoko Ono, de la que se había separado a mitad de 1973 para, a instancias de la propia Yoko, convertirse en pareja de May Pang durante el tiempo –año y medio– que Lennon llamó después su lost weekend –“fin de semana perdido”–. Volvió con Ono, nació su hijo Sean y los tres se recluyeron en el célebre edificio Dakota de Nueva York. Tras su nula experiencia como padre de Julian, esta vez John quería ejercer de cabeza de familia. La música, de nuevo, quedó relegada.
Y así hasta 1980, año en el que comienza y termina su tercera etapa. Ese año, Lennon se entregó de nuevo a la grabación de un álbum que iba a reflejar su condición de hombre feliz. Double Fantasy (1980) mostró a un John enamorado de su mujer (Woman), de su hijo (Beautiful Boy) y de su nueva vida (Just Like Starting Over), que por primera vez parecía llenarle por completo. Le absolvía del empalago el hecho de que si Lennon había sido algo a lo largo de toda su carrera era sincero. Lástima que, cuando John parecía haber descubierto el camino –no sólo el musical sino también el personal; también se había reconciliado con McCartney aunque aún no con Harrison–, un tipo llamado Mark David Chapman decidió que ya era demasiado tarde para él y le asesinó en la puerta de su hogar, que tanto le había costado conseguir.

George Harrison:

Tercera entrega: George Harrison El Beatle tímido arrancó su carrera pisando fuerte, con un álbum triple para demostrar que tenía categoría para compararse con Lennon y McCartney.

Al finalizar la era Beatles, la figura de George Harrison cotizaba al alza. Su actividad y calidad compositiva, antes opacadas, mutiladas o inexistentes, habían crecido en los tres últimos discos de los de Liverpool con canciones extraordinarias comoWhile My Guitar Gently WeepsSomething, Here Comes the SunI Me Mine.

Una vez dejados a su libre albedrío, a George, más que a ningún otro –o no, pero sí al menos de una manera más personal–, le urgía contrastarse musicalmente, demostrar que podía hacer un buen disco entero él solo. Quizá por eso su primer disco, All Things Must Pass (1970), fue el más ambicioso de todos los primeros discos de los cuatro Beatles. Mientras Lennon y McCartney optaron por la desnudez, por las vigas vistas, el guitarrista quiso demostrar de una tacada todo de lo que era capaz y para ello necesitó un álbum triple. Para tal esfuerzo, contó con las colaboraciones más o menos precisas de Bob Dylan (coescribió I’d Have You Anytime), Eric Clapton, Ringo Starr o Maurice Gibb. My Sweet Lord fue un éxito mundial, aunque acabó con Harrison en los tribunales por plagio del He’s So Fine de The Chiffons; pero ni eso ni un excesivo tercer disco, lleno de jam sessions que podrían haber quedado fuera, podían perjudicar un álbum en el que se encuentran obras maestras como Isn’t it a PityWhat Is LifeBeware of Darkness o The Ballad of Sir Frankie Crisp (Let it Roll), las dos últimas recientemente reivindicadas por ese emotivo homenaje de Jim James (My Morning Jacket) a Harrison en forma de EP: Tribute To (2009).
Con el paréntesis que supuso la organización del que fue el primer macroconcierto benéfico, en ayuda de Bangladesh (1971), la estrella de Harrison se apagó en su siguiente disco, Living in the Material World (1973). Beneficiado todavía por el éxito de su predecesor, y aupado por el single Give Me Love (Give Me Peace on Earth), al disco le fue bien comercialmente, pero el guitarrista había perdido chispa compositiva y vocal salvo, quizá, en el single que se menciona. El problema de Give Me Love –quizá por su repercusión – fue que volvía a mostrar a Harrison en la misma línea iluminada de My Sweet Lord, algo en lo que, sumado a su persistencia hindú, Harrison reincidiría demasiado en la década de los 70 hasta hacer perder la paciencia de mucho de su público. Dark Horse (1974) y Extra Texture (Read All About It) (1975) continuaron una línea descendiente que sólo salió a flote con Thirty Three & 1/3 (1976) y el homónimo George Harrison (1979), sin estar ninguno de estos dos discos a la altura ya lejana del All Things Must Pass.
Convertido ya en productor cinematográfico de éxito (creó HandMade Films en 1978 para ayudar a sus amigos de Monty Python a terminar La vida de Brian), el brillo musical lo recuperó Harrison tras el asesinato de John Lennon. A pesar de que, debido a su enemistad con Yoko Ono, Harrison había sido el que menos trato mantenía con Lennon, o precisamente por eso, fue él el único que tradujo su dolor en canción. All Those Years Ago, aunque fue un single de Harrison, contó con la participación de los otros dos Beatles vivos, lo que entonces fue digno de noticia. La canción, una de las mejores de George, en la que el guitarrista manifiesta la admiración que sentía por Lennon, fue un gran éxito mundial que hacía esperar que el guitarrista había recuperado la inspiración. Sin embargo, el disco que le acompañó, Somewhere in England (1981), demostró queAll Those Years Ago había sido un espejismo producto de una emoción profunda. El siguiente álbum, Gone Troppo (1982), constató esta idea, y ante el nuevo fracaso Harrison desapareció del mapa.
Volvió cinco años después, sólo cuando estuvo seguro de tener un gran disco bajo el brazo: Cloud Nine (1987), del que sacó un par de sencillos de éxito: la versión de James Ray Got My Mind Set on You y la nostálgicaWhen We Was Fab, además del sobresaliente tema titular. Al lanzamiento de este disco le siguió –aunque esperó hasta 1991– una gira por Japón, la primera–y última– gira que Harrison hacía desde 1974 y que quedó registrada en el doble en directo Live in Japan, cuyo valor musical es resaltado por el acompañamiento de Eric Clapton, su gran amigo, y su banda.
De ahí en adelante, George Harrison apenas salió a la luz pública salvo en contadas ocasiones, como el macroconcierto para celebrar los 30 años de carrera de Bob Dylan. Fue más noticia por el asalto que sufrió en su casa en 1999 y por el cáncer que finalmente se llevó su vida el 29 de noviembre de 2001.

Ringo Starr: 

Cuarta entrega: Ringo Starr. En las casas de apuestas, la victoria de ringo cotizaba a la baja. nadie apostaba por él. Por eso nadie pudo hacerse rico cuando el tapado batería dio la sorpresa.

Ringo tenía dos ventajas competitivas sobre el resto de los Beatles: nadie contaba con él –seguramente ni él mismo– para ganar la carrera, ni siquiera se puede decir que fuera el tapado; y, por otro lado, caía bien a todo el mundo. Beneficiado por que las tortas se las repartieran entre los demás, tampoco es que Starr llegara primero, pero sí más lejos de lo que se esperaba.
Por ejemplo: antes de que terminara 1970, el amable Ringo había editado no uno, sino dos álbumes,Sentimental Journey y Beaucoup of Blues. Como haciendo realidad la canción que cantó en el Sgt. Pepper’sWith A Little Help From My Friends, el que fuera batería de los Beatles obtuvo, desde el principio, la ayuda de sus amigos para conformar sus discos. George, John y Paul –siempre por separado– le echaron una mano, como George Martin, Maurice Gibb, Marc Bolan o Robbie Robertson. Ringo no quiso engañar a nadie y apenas compuso canciones, por lo que sus discos se basaban en versiones o en canciones cedidas por alguno de estos amigos.
Con Ringo pasó algo que no pasó con el resto de los Beatles. Así como se puede considerar que los mejores discos de Paul –con éste habría más dudas, dada la longevidad y complejidad de su carrera–, John y George son los primeros, Ringo no ofreció su mejor versión hasta el tercer álbum, de nuevo cuando ya se le había catalogado de correcto divertimento que nunca entregaría un disco sobresaliente. Se equivocaban, y así lo demostró Ringo (1973). Se había tomado un par de años para proseguir su carrera como actor, y su tercer disco en solitario sorprendió a propios y extraños. Bien que sus mejores canciones son una cesión de Lennon (I’m the Greatest) y una colaboración con Harrison (Photograph), pero estas cosas no le quedan bien a todo el mundo. El poder de Ringo era el poder de sus amigos, y cómo los centrifugaba. Los atraía, conseguía sus canciones y que tocaran para él, lo pasaban bien mientras tanto y el disco salía redondo. Al contrario que en el caso de McCartney, debe de estar bien ser Ringo Starr.
Su ausencia de ego, su complicidad con lo que cantaba –casi ninguno de sus éxitos eran obra suya, pero todos le sentaban como un guante–, y su eterno buen humor –en I’m the Greatest canta “All I wanna do is boogaloo!” – lograron que la carrera de Ringo como solista no sólo fuera más que digna, sino que es la que, con el paso de los años –aún sigue grabando discos–, ha mantenido un nivel más regular. Dejando fuera a McCartney, la carrera de Ringo, que ha grabado quince discos en cuarenta años, está, como mínimo, a la altura de John y George si es que no las supera. Sólo hace falta comparar la extensión de los recopilatorios de grandes éxitos de los tres. La ausencia de un My Sweet Lord o un Jealous Guy en su catálogo no empaña una regularidad y fiabilidad que incluso se ha acrecentado en los últimos años, cuando a Ringo le ha dado además por componer, y nada mal, en el álbum de vuelta a casa Liverpool 8 (2008). Una demostración de que aún podemos contar con él.
Rolling Stone España